REFLEXIONES SOBRE BOB ROSS

REFLEXIONES SOBRE BOB ROSS

Parece curioso, pero dentro de los departamentos universitarios de Historia del Arte el nombre de Bob Ross no perfila. El mundo académico lo omite, lo desconoce o simplemente se ríe cuando es mencionado. No tiene un lugar “sagrado” en los corazones de los estudiosos del arte como si sucede con Da Vinci, Van Gogh, Tamayo y Rubens.

 

Tampoco ha sido incluído por quienes buscan abrirle camino dentro de las páginas de los libros de Historia del Arte a nombres nunca antes mencionados. Bob Ross y su trabajo han sido omitidos.

 

Sin embargo el canadiense y sus paisajes son dignos de atención. ¿Por qué? Porque si revisamos un poco la historiografía del arte -la manera en la que se ha hecho y escrito la Historia del Arte a lo largo del tiempo- notamos que los artistas que logran imprimirse en a las páginas de los libros, son aquellos que por una u otra razón alcanzaron un considerable nivel de popularidad en su entorno.

 

Ya fuera por su mala reputación social causada por excesos de droga y alcohol como Basquiat, por los escándalos artísticos que ocasionaban en las exposiciones convencionales como Monet y los impresionistas o por la popularidad que un descubrimiento técnico les ocasionó, todos los artistas que se hicieron de un nombre lo lograron por perfilarse como personas de interés social.

 

¿Por qué si los programas que protagonizaban Bob Ross y sus “accidentes felices” en la televisora estadounidense PBS tenían una audiencia de millones, no es visto como digno de atención? ¿Por qué si al momento de su muerte todos sus cuadros fueron vendidos sin excepción en una única subasta los curiosos del mercado del arte no lo voltean a ver? ¿Por qué si es un personaje cuyo nombre toda persona nacida entre los años 1960 y 2000 ubica, los historiadores del arte no lo estudian?

 

No lo sabemos.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.

× Chatea con nosotros